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El himno de la lenta resurrección

Unicaja Himno

Hace unas temporadas ir a ver el baloncesto en Málaga era un puro espectáculo, no ya por lo visto en la cancha, sino por lo que acontecía en las gradas. Diez mil personas abarrotaban un Martín Carpena en el que rara vez se veían asientos vacíos. El director de marketing, José Carlos Gaspar, de los años de bonanza había conseguido que los partidos de la Liga ACB fueran una fiesta gracias a la gran cantidad de patrocinios. Por supuesto, las promotoras inmobiliarias eran las que más presencia tenían, aunque Gaspar consiguió que en cada partido los aficionados se llevaran un buen sabor de boca: en la entrada del Palacio se llegaron a repartir langostinos, pizza, desayunos andaluces… El aficionado era el rey.

Tras la burbuja, la inversión de los patrocinadores comenzó a disminuir, lo que lastró los éxitos deportivos que el Unicaja de Garbajosa, Scariolo y demás habían conseguido. Eso tuvo una consecuencia directa en las gradas, el número de abonados comenzó a descender al mismo tiempo que Aíto García Reneses, un entrenador de postín, aplicaba una extraña medicina de enfrentamiento con la afición. Lo deportivo iba de mal en peor y las gradas se vaciaban incluso con entrenadores de categoría internacional –como Repesa-. Ahora, en solo dos temporadas la ilusión se está volviendo a notar en el Martín Carpena y llegar a una semifinales de la Liga Endesa es un mérito importante. A pesar de los horarios, el ‘infierno verde’ tiene momentos en los que vuelve a parecerse a la gran afición de España.

A mediados de la temporadas 2013/14 Unicaja Baloncesto presentó un nuevo himno que venía a seguir animando el proceso de revitalización de las gradas. Así, Pablo López, un joven cantante malagueño que participó en 2008 en Operación Triunfo, compuso “Mi Bandera”, una canción con toques de balada que no parecía que pudiera convertirse en un himno por su tempo, más bien lento.

Versión original

El himno recibió algunas críticas, pero pronto los aficionados lo hicieron suyo y comenzaron a entonarlo tras las presentaciones y en los momentos de triunfo. Ese himno se ha convertido, además, en un emblema de la recuperación del ambiente en las gradas. Pese a los horarios, no siempre favorables, es cierto que se nota mayor asistencia a los partidos y que el Unicaja ha vuelto a la primera línea del baloncesto español. Mi Bandera se ha hecho con el favor de la marea verde del Carpena, que lo entona en los momentos triunfales.

¿Por qué? La clave del éxito de este himno está, además de en lo fácil de seguirle el ritmo con palmas (algo muy habitual en las gradas del Palacio), en los factores emocionales. Rememorar los gloriosos tiempos de Ciudad Jardín, en los que la afición malagueña convirtió un fracaso –el triple fallado por Ansley- en el mayor éxito intangible de su historia. Hoy más de diez mil están en el Carpena cantan Mi Bandera en cada partido. Un éxito que puede ayudar a la lenta resurrección de una afición que murió de éxito y debe reinventarse.

Tuits críticos

Vídeo del Carpena ‘on fire’

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